Hoy es totalmente imposible e ilegal vender cosméticos no regulados en el mercado. Y es normal.
Si los productos deben cumplir distintas normas europeas como el reglamento 1223/2009 o el 655/2013, es para proteger la salud del consumidor.
Aun así, todas estas normas y documentos oficiales pueden asustar a primera vista. Costomise te explica las distintas leyes que rigen el mercado de los cosméticos.
Las distintas regulaciones
Si los productos cosméticos se someten a tantas pruebas es, ante todo, para ser seguros. Aquí tienes los 2 tipos de regulaciones que conciernen al sector.
La del desarrollo
Afecta a todas las normas relacionadas con el desarrollo y la creación del producto en sí:
- pruebas de alérgenos;
- IFRA;
- peritaje toxicológico.
Son las sustancias las que se analizan y se dosifican con precisión para no incluir componentes alergénicos/irritantes ni superar los umbrales de tolerancia de ciertos ingredientes.
El DIP (Expediente de Información del Producto) es una etapa obligatoria en la comercialización de tu creación. Además de la composición, es importante mencionar en él varios elementos como la estabilidad, la identidad de la persona responsable, el método de fabricación, etc.
Este expediente responde a la Directiva 76/768/CEE y permite comercializar el producto en Europa.
La de la producción del cosmético
Otras reglas se aplican a la producción del producto. Se concentran en las Buenas Prácticas de Fabricación, que responden a la norma europea ISO 22716.
Estas normas están dictadas en el reglamento UE n.º 655-2013 del 10 de julio de 2013.
Aquí se controla la concepción del producto en sí. Este reglamento permite evitar los errores de fabricación o de acondicionamiento, pero también vigilar la higiene y la limpieza para prevenir las contaminaciones. Estas BPF conciernen sobre todo a:
- la producción;
- el almacenamiento;
- el control de calidad.
¿Para qué sirve la regulación cosmética?
Para proteger al consumidor
Por supuesto, el aspecto reglamentario del sector está ahí para proteger al consumidor. Es LA primera razón. Es primordial no poner en peligro la salud de la persona que va a usar la crema, el aceite, el champú u otro producto. La conformidad con el reglamento es una garantía de calidad y confianza para la clientela.
Para vender a nivel internacional
La regulación de la Unión Europea en el sector de los cosméticos es una de las más estrictas. Con la llegada de nuevos competidores asiáticos o indios, que no tienen las mismas normas, cumplir las leyes de la UE permite tener productos de calidad que pueden exportarse al extranjero.
Para optar a la certificación
La certificación (ecológica, vegana, etc.) no forma parte de la legislación como tal. Sin embargo, cumplir perfectamente los procedimientos legales es el primer paso para realizar los trámites que permiten optar a las etiquetas.
Los riesgos de vender un producto cosmético no regulado
Además de comprometer la seguridad de los clientes, no cumplir las leyes vigentes te expone a ver tus productos retirados de la venta.
En efecto, la ANSM puede, gracias al DIP, controlar cuando lo considere oportuno los distintos productos comercializados y retirarlos si constata una no conformidad.
“En los últimos años, han sido sobre todo términos como ‘natural’, ‘ecológico’ o también ‘sin’ y ‘con’ los que han sido objeto de verificaciones.”
